…ella=yo

Te veo en mi sombra…, te siento en mi respirar, te habías muerto hace dos años o quizás un poco mas el conteo nunca se me ha dado bien. El desprecio tampoco… carezco de gracia cuando te me acercas porque sabemos que al final, eres la parte mas esencial de mi espíritu. Sabes tanto de todo que es imposible acallarte, tus sentires son navajas que hieren mis pulmones. Tomas mi garganta me haces gemir los aullidos de una mujer muerta que me habita. ¿Has hecho un conteo de cuantos muertos habitan mi cuerpo? (. . .) me aturden y juegan a la sincronía de cambiar mi tiempo de caducidad. Quieres volver adentrarte, aunque adentro vives y el vaivén de tus caderas me lastiman en este momento. Sabes que estoy tesa como un faro que solo le gira el tope que es su luz. Conoces muy bien que atraes, lo que provocas y como saltan los entes a poseer, a transmitir. Me pregunto muchas veces que sientes en el otro lado… trato de no pensarte y mucho menos sentirte. Aún eres el quejido incompleto, bien sabes que nuestra división fue el último rescate antes que cortara mi último aliento. Tú, sigues intacta, con los latidos bien colocados con las ansias de hembra que no deja de hurgar. No sé si algún día dejaré de ser tú… antes de morir quiero que escriban sobre mis cicatrices las “noches nubladas” en las que tu nombre era mas grande que el mío. Cuando corríamos entre los cuerpos y los deseos sin dimensiones exactas solo por el placer del pálpito. Quisiera que me abrieran y sacaran el espectro que eres…, que jamás pudieras irte con mas nadie. Supongo que en el fondo es mi egoísmo de sentirme tuya…, a fin de cuenta lo nuestro es de pecado, de toxinas, de ancestros, de lugares oscuros que pocos se atreverían a mirar. Quisiera creer que a veces vienes solo acariciarme el rostro, a recordarme que sigo viva, aunque mi vida se reduzca a una cama y mirar el techo. No busco la lastima, aunque de ti…, no lo tengo claro a veces pienso que me volverás atravesar con la navaja. En ocasiones siento que esta vez me la enterraras directo donde mis vaivenes muertos fueron la alegría de tu lujuria mal dirigida. Ojalá, nada de esto fuera verdad… entre tantas mentiras que me cuentan, porque me las dejo contar. Esta el cause de tu ser dictándome que nada es cierto que todo lo incierto siempre será mi día a día. Ya no te veo como condena, porque la condena es del que me atiende, quien escuche tu voz dolida con el mundo. No lo hagas de nuevo “Saudy” ¡quédate lejos! (. . .) ya se lo que me esta pasando. No me encierres por no querer seguir los designios que tu tienes para mí… déjame vivir de otra manera. Aunque a la misma vez te diría: róbame el aliento y quítame las ganas de pertenecer… ya supe lo que era el dolor. ¡Quítamelo!

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