•Cotidiana•

Flácida lengua me acoge en sus aposentos cuando el malestar se acerca.
Estoy detrás de las telas ocultas en el contoneo de los que no habitan ya este plano.
El viento se mece en mi cuerpo, el columpio es el festín de mis órganos.
Hierve sin fiebre el monte sabe a azufre un pico que dejó su filo en cuenco.
Aguas turbias que solo sirven para hablar del asco que provocan.
Garzas parada sobre mi cuerpo quitando garrapatas que ya están muertas de tanto veneno.
Los grillos de mis pulmones murieron con la indiferencia de mi pobre cotidianidad.

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