•¡Gracias!•

Estuviste aquí siempre.

No te vi…,

me perdí mirando a otros.

No te escuché…,

estaba tratando de entender a los demás.

No te di cariño...,

me ocupaba de que me quisieran.

No te sentía…,

estaba obtusa buscando en el exterior.

No entendía la razón de los llantos,

ni el porqué habitaba la tristeza.

No podía mirarme…,

porqué estaba rota mi esencia.

No me pediré perdón..,

pues he entendido todo este proceso y no lo cambio.

Ahora sé qué estoy en mí.

•X~librio•

Jung;

ven a bailar con las sombras.

Levanta tu espíritu y ven a divertirnos.

Nos quedamos muy rígidos en la tierra.

Con la armonía pérdida…, no queremos

mostrarnos con las sombras.

Vamos reírnos entre movimientos…

Esas teorías no son rígidas y transmutan

con los tiempos.

Al igual que el equilibrio que decías

que nos sanaba.

•Preguntas abandonadas•

¿Existe arrogancia en la humildad o en el perdón?

¿Exhibimos la falsa humildad para conmover al otro?

¿Acaso usamos el perdón como método de sentirnos más sanos?

¿Somos víctimas en algún momento de nuestras propias creencias?

¿Repetimos que no odiamos, para suavizar la mirada de cómo los demás nos observan?

¿Se elige un Dios para liberarnos de nuestra propia responsabilidad?

¿Nos atamos a la culpa para justificar nuestra falta de lealtad para crecer y avanzar?

¿El sufrir va atado a la emoción de querer seguir perteneciendo desde el control?

•Me voy a Morir•

Todo lo que está frente a nuestra mirada morirá, incluyéndonos. El terror a la muerte parece que viene intrínseco. Me gusta decir “me voy a morir”, “te vas a morir”. No desde el miedo, sino desde la libertad que veo al dejar de poseernos. Esta experiencia humana es bestial, nos llena de emociones, sensaciones y quizás no estamos tan consciente de lo efímero que es el instante de estar vivo. Ese pequeño estar… Observar a la naturaleza, y sus cambios. Agradecer el simple estado de poder seguir aquí en la vida. Quizás dentro de un rato ni tú, ni yo estemos más…

(. . .)

y quizás tú termines este pensamiento…

•Hacerte el amor•

Regalo divino es tener un cuerpo que habitar.

Ese masaje que te entrega bien~estar.

Esas manos que re~corren partes de tu piel.

Ese latido en el corazón que te deja sentir el brote de tu respiro.

Un toque sutil en las sienes para sentir el bombardeo que nutre tu cerebro.

Ese aroma maravilloso que percibes de tu jardín.

Ese café o infusión que te preparas, y hace que tu paladar se encienda.

Todo ese parpadeo que haces al despertar, al sentir la luz, y los colores de la vida.

En el día a día se puede encontrar la ofrenda de los detalles desde lo cotidiano.

El arte de hacerte el amor en lo ordinario, y llegar a lo extraordinario.

•Des~ocupa•

Desocupar para satisfacer el ser.

Llegar al vacío transitando todo lo que te habitó.

Sentir la rabia, la envidia, el apego son emociones humanas.

Igual que sentir la vida, compasión, y la amabilidad.

Todas contradictorias como la vida misma…

El miedo nos lleva a crear murallas en el interior, nombradas como dominio.

Soltar es soltarse…, podar el camino es sincerarse.

Mirar hacia adentro es encontrarse con el abismo, en donde se lanzan las preguntas.

El eco que se queda resonando en la cueva, suele arrojar más preguntas que respuestas.

Es allí donde reside la sabiduría del espíritu, saberse aferrado, consciente y despierto.

Los sollozos de las almas también nos habitan.

En esa inter~conexión que invita una y otra vez a la meditación.

Desconecta y conecta…, expandir los sentidos.

Agudizando el silencio, acompañado de todo lo que vienes cargando.

El tiempo de quietud llega, las alegrías tuyas se vuelven colectivas.

Transitas las estaciones en tu cuerpo…

Todo lo que es…, fue alguna vez.

Dejas ir la necesidad, con ello desaparecen ciertas emociones.

Florece como jardín en primavera…, respiras de tu esencia.