•Mis últimas letras•

(. . .)
Mis últimas letras las he de parir en el mar,
nadando hasta lo profundo…
Perdiéndome en su remolino marino,
hacia adentro…
Siempre hacia adentro de la Madre Tierra
¡Es que tengo tanta ansiedad de conocer su útero!
Y me refugio en cualquier cuenco que encuentro.
Todo me desangra…
Traigo desde hace años una sed insaciable,
una hemorragia que no cesa…
He de morir dentro del vaivén de sus saladas aguas.
Y he de forjar mis letras,
hundiéndome en sus minerales…
Sé que voy a encontrarme con el coral multicolor,
mientras mis Ojos y la Luz del Sol,
se vayan difuminando…
Iré, más y más, hondo.
Como quien quiere meterse muy dentro de ti…
Mis labios te estarán sonriendo,
mientras me ahogo de tu sabor…
Sentiré como expira mi pecho,
cuando tu amor me derrumbe…
¡Congelando mi Corazón…!
Seré feliz recitando los versos,
hasta que acabe la última letra que te escribí…
Tú, mereces ser Honrada,
jamás subestimada…
¡Me has dado tanto… Nos has dado tanto!
Que no encuentro otra forma de morir,
que ir hacia tus profundidades…
En esa inmensidad,
con la que me trajiste a éste mundo.
Allí, en mi desgarro,
desde el momento del corte…
De mi espiritual cordón umbilical.
En tu orilla he de caminar buscando el placer
que encuentran las olas al hacer espuma…
Poco a poco, me he ido muriendo en cada respiro.
Te busco en la gruta, en la lluvia, en el fango,
en la laguna, en el cántico oceánico…
Mis últimas letras,
la declamará mi alma…
Cuando esté, perpetuando lo más maravilloso,
en el pacto de morir
¡Dentro de Ti…!

•Cuando no me dejo sola…•

No dejarme sola ha sido una de las más largas transiciones. Suena un poco absurdo sabiendo que siempre necesitamos de nuestro cuerpo, para andar, para sentirnos, pero cuando no sabes llevarlo bien… te dejas sola. Dependes y te pegas a otros como garrapata hambrienta. Hace muy poco tome la decisión de no dejarme sola nunca más…, dejar de necesitar el bastón emocional de otros. Estando en mi posición vulnerable donde son más días que necesito ayuda con mis asuntos físicos es mas difícil… Saber dónde colocar bien esa distancia que no se vuelva dependencia…, esa que termina acribillando al otro y por ende a mí. Hacerme responsable de mis problemas físicos, mentales y espirituales. Afrontar lo que puedo, hasta donde puedo. Aprender a disfrutarme hasta donde me es posible, prometiéndome no dejarme sola nunca más… para que cuando lleguen los días de las recaídas físicas y mentales sean menos dolorosas.

(. . . )

Cuando no me dejo sola, acepto el ciclo de mis enfermedades.

Cuando no me dejo sola, disfruto del silencio que sobreviene después de una recaída.

Cuando no me dejo sola, aprendo que luego de un dolor de una parálisis total de mi cuerpo, lo acompaño, sabiendo que quizás dentro de unos días volveré a caminar.

Cuando no me dejo sola, nutro mi espíritu de buen contenido, de arte, de lecturas, etc.

Cuando no me dejo sola, no me lastimo, me cuido me mimo, re~creo la paciencia.

Cuando no me dejo sola, me empiezo amar, a comprender.

Cuando no me dejo sola, re~comienzo cada día con ilusión y amor.

 


cuando no me dejo sola
(c)
~Forever Aileen~

•~…empujar~•

…la vida me puso obstáculos, diagnóstico de parapléjica…, me pusieron sonda para la vejiga, me dijeron; más de una vez no podrás pararte, no podrás hacer ejercicio. No podrás caminar, ni ir al baño… y aunque me ha pasado de todo de nuevo en este año y he tenido visitas recurrentes al hospital… y en más de una ocasión terminar peor de lo que empecé aquí sigo… empujando el cuerpo. Sacudiendo el sudor, encontrándome con las fuerzas de que los no puedes, me causan cosquillas en las caderas y me hacen replantear quién decide qué… así que aquí estamos de nuevo al empuje… y las recaídas aunque son “cabronas” seguirán ahí mientras este corazón palpite. O lo que sea que me impulsa… sigo arrancando los NO del camino.

~Ella, aterrizó…~

Ella,
en su cuerpo mórbido.
Con sus estrías como paisajes.
Ella,
herida de sí misma,
lamió los dedos que le apuntaron.
Ella,
triste e inconexa del mundo.
( . . . )
Se levantó valiente, y ardiente.
Alzó la mirada a los que
irrumpieron en su intimidad,
asechando con su cruel burla.
 ( . . . )
A ella,
que vive en mí…
Esa que se arrastró
por las zanjas del campo.
Llegó la hora de aterrizar.
Me reconcilio con mi ego,
 que ando agazapado y mal querido.
Y…,
con todos los tumultos
de mi cuerpo fraccionado.
Le hago una celebración 
a los huesos de los muertos 
a los cuales les debo vida.
Estas varillas
me prometieron
que no se doblan…
Si las tuerzo que sea
por el esfuerzo de dar
el máximo que puedo.
Ahora,
puedo gritar;
¡me acepto tal cual he sido, y seré!
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