•~…grieta cuántica~•

Su cuello de espuma
los labios de sal.
Dos pezones ardiendo
sus manos de granizos.
Su ombligo hecho
de purpurina cósmica.
El magma re~corre la grieta
manifiesto de energía cuántica.
(. . .) intimidad se vestida de carmesí.

•~…grieta cuántica~• – (c) – ~Forever Aileen~

•Regalo literario•

Regalos con alma como lo es; una pasión literaria de Anais Nin y Henry Miller. Desenvolver el paquete y encontrarme con el libro que deseaba tener hace tanto tiempo. Esa amiga inolvidable desde el otro lado del charco conoce la debilidad por las pasiones de Nin. Quiere ver el brío de una espléndida sonrisa, un rostro invadido por la excitación. Huele a papel siento su textura, al otro lado un poeta enamorado por las memorias de Miller, se emociona; me invita a unas copas, a la misma vez estruja mis oídos con Jeff Beck, pareciera que esta noche la vida develó los secretos de sentir plenitud. Es un juego de puntos cardinales que nace en el Pacífico, pasa por los vaivenes de mis caderas caribeñas, llegan al estrecho de Gibraltar. Rebosa el espíritu, esta noche un vendaval me hará el amor. Sucumbiré en la a orilla Del Mar muerto.

•Regalo literario• – (c) – ~Forever Aileen~

•escar~miento•

Parecía algo horrorizada, al ver que mientras caminaba paría las entrañas.
Le decían; “tranquila no pasa nada” sin embargo, se veía claro como caían de sus piernas pedazo de útero.
Su vejiga descendió, hacía un globo que le impedía unir las piernas.
Seguido explotó su intestino, no se puede aguardar tanto dolor en el interior.
Ella, solo miraba con sus ojos perdidos, pude ver cómo le saltaban los capilares de los ojos y seguido se le caían las córneas.
No articulaba palabras…, el sentir se la carcomió.
Era evidente que murió…, sin expresarse.
Le privaron del amor estaban escasos de empatía.
La recogieron como estiércol, y siguieron sin comentar nada.
Desde donde observaba no se podía interactuar.
Desolada le grité…, al escuchar el eco retumbar, me di cuenta de que aquel parto prematuro.
Eran mis vísceras, mi cuerpo inerte.

Escar~miento – (c) – ~Forever Aileen~

•Palomino•

Años mordiendo el lápiz que aún sigue dando vida a sus letras, aprieta los puños estruja el papel justo antes de empezar escribir. Mete el dedo índice en el ombligo lo inhala y suspira, deseo hipnótico de su pulso. Agarra los pulgares de los pies y los lame. Es el talento del estiramiento, se inclina hacia atrás, cierra los ojos, mueve el cuello con rudeza hasta que se astilla. Se impulsa hacia adelante toma su lápiz “Blackwing 602”. Con maestría empieza a escribir, con tales manías no puede faltar el vicio imprudente de los excesos. Puro con sabor amaretto encendido, su primera exhalación es expulsada en forma de círculo, y va a parar contra el papel viejo teñido de cenizas. El licor a la espera de su tercera jalada del cigarro, no antes, no después. Saborea lentamente primero en sus labios, luego abre un poco más, se permite arder, traga haciendo sonidos guturales. Es todo un espectáculo presenciar su implosión de su creatividad espesa. Sus ansias de amalgamar la existencia que quedará en la huella de su larga trayectoria.

• Palomino • – (c) – ~Forever Aileen~

•Sin querubín•

No vine al mundo entre ángeles, aunque esa noche se escuchaban aleteos. Provenían de las gárgolas con sus pezuñas rasgaban los cuerpos de los dementes. Los mismos que decidieron danzar una noche sin luna, con matojos extraños abanicaban las vaginas de seres mutantes. No parian criaturas sutiles, ni especies conocidas. No caían copos de nieve, eran trozos de carnes congelados. El olor nauseabundo acompañado de alaridos, con la ironía de un festejo celestial. Cabellos finos igual que alfileres, venían con la ventolera dejando ciegos a todos. Llegué a la tierra riéndome con la tortura en la lengua, la desdicha puesta en la copa de la maldad. No vine de Querubines. Me habita el horror del necrópolis. Bebo la sangre del delirio de los temerosos, me acobijo con su angustia. Crece el calvario, le hago el desamor a la impaciencia que lo complace. Hago pirueta entre los infieles muertos.

•Como entro a la iglesia•

Me atrae el olor a incienso, las llamas de las velas haciendo bailes.

Esas sombras que forman figuras logran excitar mi imaginación.

La voz del que guía el culto me penetra hasta lo más profundo.

Soy pecadora por eso no me avergüenzo de contar que frente

al púlpito, gimo mis placeres…

Contoneo mis caderas en cada alabanza.

No sé si es el Espíritu Santo que entra o son los demonios que salen.

No voy ebria, pero me siento embriagada.

No voy fumada, pero me rodeo de humo.

No creo en Dios, pero veo la divinidad al sentir los orgasmos.

No juzgo quien le puso sexo al creador, pero porque privarlo de que fuera femenino.

No alabo su trono, ni sus milagros, pero esta obrando uno al hacerme sentir viva.

En esta contrariedad…, me clavo a la cruz siento que está tan oxidada como yo.