•Brisa•

Sus lagrimas se ahogan
con el cal de la tierra.


Sus labios asfixiados
de tanto gemir nombres de arena.


La vi en la orilla de su sentir,
le ofrecí mi mano y vino a mi.

Era inevitable no perderse
en sus ojos de estrella.

En sus latitudes cósmicas,
en su cuello embriagado
de invitaciones.


Su clavícula dibuja un sendero
precioso para re~correrla..


Sonríe sin motivo diluyendo la niebla.

Su cabeza es una nota musical
y los arpegios nacen en su cuerpo.

Ella, es brasa y ceniza…,
ella, es marea y espuma.


Es la esencia de mujer vestida de brisa.

Mis carnes a la intemperie…

Mis carnes a la intemperie
Pude pararme de la cama
al llegar a la puerta de cristal
contemplo el cielo por un instante
me digo;
hoy podre lavarme el cabello afuera.
En menos de un pestañeo
empiezo a diluviar.
Sera otro día donde
mi cuerpo llora silente.
Sentarme en el patio
para poder lavarme la cabeza.
Algo tan cotidiano
es dolido para mí.
La lluvia acaricio mis carnes al aire
porque como quiera me bañe
a la intemperie en mi silla de metal
con el bastón al lado y de unas cuantas
cámaras de seguridad grabando el entorno.
Al final, solo quedaré en la memoria
de otro dispositivo.

Caricia en el vientre.

Me arrojé sobre su órgano por la excitación del momento…, el hedor me hizo fijarme en que mis partes supuraban. Cuando trataba de despegarme su cuerpo se inflaba…, escupía borbotones de sangre. Se trincaba me agarraba con sus manos, me apretaba hacia él, quedando perfectamente encajada, mi pelvis marcaba el ritmo. ¿Qué diablo era esto? Había perdido la cabeza en muchas ocasiones, pero esta asquerosidad, sobre~pasaba todo lo anterior. Lo peor fue empezar a sentir el gozo en mis paredes íntimas. Volteo los ojos perdiendo totalmente las pupilas, se le brotaron dos membranas me apetecía chuparle, parecían pequeños pezones. Hay que ver que el morbo re~crea situaciones en las cuales nunca imaginas estar. Que placer me dió aquel cabrón instante. No sé como debo nombrar lo que viví, era como encontrarse con el archivo de recuerdos de lo que podría ser y no seré. Quién lo diría…, ¡estaba muerto! Ahora tengo un vientre abultado, todos me felicitan les miro y sonrío; pues se que lo que tengo es la enfermedad creciéndome. Es cosa de días, a lo mucho meses cuando reviente. Dejo que me acaricien el vientre, que me lo bendigan en su ingenuidad. A quién le puede hacer mal, unas bendiciones cuando sabes que la muerte te crece por dentro…

Caricias en el vientre – (c) – ~Forever Aileen~

•…Carnívora•

…me perdería en la maraña de tus ideas.
Quisiera que me sirvieran un trozo de tu cerebro, no cuando estés muerto…, que me lo sirvan cuando estés ardiendo en emociones.
Cuando te esté doliendo tu sexo ahí quisiera estar, metida en tu virilidad, inmiscuirme sin reparo.
En ese momento que inventas una excusa para no herir, aunque termina sembrando la mentira.
Sería interesante estar en tu latido. Sí.., sí en ese que te incomoda, para saber la verdad de tu sentir.
En la exposición se muestra lo que más nos gusta, y nos acomoda…, pero me pregunto ¿cuál será tu plan?

•…Carnívora• – (c) – ~Forever Aileen~

•Regalo literario•

Regalos con alma como lo es; una pasión literaria de Anais Nin y Henry Miller. Desenvolver el paquete y encontrarme con el libro que deseaba tener hace tanto tiempo. Esa amiga inolvidable desde el otro lado del charco conoce la debilidad por las pasiones de Nin. Quiere ver el brío de una espléndida sonrisa, un rostro invadido por la excitación. Huele a papel siento su textura, al otro lado un poeta enamorado por las memorias de Miller, se emociona; me invita a unas copas, a la misma vez estruja mis oídos con Jeff Beck, pareciera que esta noche la vida develó los secretos de sentir plenitud. Es un juego de puntos cardinales que nace en el Pacífico, pasa por los vaivenes de mis caderas caribeñas, llegan al estrecho de Gibraltar. Rebosa el espíritu, esta noche un vendaval me hará el amor. Sucumbiré en la a orilla Del Mar muerto.

•Regalo literario• – (c) – ~Forever Aileen~

•escar~miento•

Parecía algo horrorizada, al ver que mientras caminaba paría las entrañas.
Le decían; “tranquila no pasa nada” sin embargo, se veía claro como caían de sus piernas pedazo de útero.
Su vejiga descendió, hacía un globo que le impedía unir las piernas.
Seguido explotó su intestino, no se puede aguardar tanto dolor en el interior.
Ella, solo miraba con sus ojos perdidos, pude ver cómo le saltaban los capilares de los ojos y seguido se le caían las córneas.
No articulaba palabras…, el sentir se la carcomió.
Era evidente que murió…, sin expresarse.
Le privaron del amor estaban escasos de empatía.
La recogieron como estiércol, y siguieron sin comentar nada.
Desde donde observaba no se podía interactuar.
Desolada le grité…, al escuchar el eco retumbar, me di cuenta de que aquel parto prematuro.
Eran mis vísceras, mi cuerpo inerte.

Escar~miento – (c) – ~Forever Aileen~

•Palomino•

Años mordiendo el lápiz que aún sigue dando vida a sus letras, aprieta los puños estruja el papel justo antes de empezar escribir. Mete el dedo índice en el ombligo lo inhala y suspira, deseo hipnótico de su pulso. Agarra los pulgares de los pies y los lame. Es el talento del estiramiento, se inclina hacia atrás, cierra los ojos, mueve el cuello con rudeza hasta que se astilla. Se impulsa hacia adelante toma su lápiz “Blackwing 602”. Con maestría empieza a escribir, con tales manías no puede faltar el vicio imprudente de los excesos. Puro con sabor amaretto encendido, su primera exhalación es expulsada en forma de círculo, y va a parar contra el papel viejo teñido de cenizas. El licor a la espera de su tercera jalada del cigarro, no antes, no después. Saborea lentamente primero en sus labios, luego abre un poco más, se permite arder, traga haciendo sonidos guturales. Es todo un espectáculo presenciar su implosión de su creatividad espesa. Sus ansias de amalgamar la existencia que quedará en la huella de su larga trayectoria.

• Palomino • – (c) – ~Forever Aileen~

•Sin querubín•

No vine al mundo entre ángeles, aunque esa noche se escuchaban aleteos. Provenían de las gárgolas con sus pezuñas rasgaban los cuerpos de los dementes. Los mismos que decidieron danzar una noche sin luna, con matojos extraños abanicaban las vaginas de seres mutantes. No parian criaturas sutiles, ni especies conocidas. No caían copos de nieve, eran trozos de carnes congelados. El olor nauseabundo acompañado de alaridos, con la ironía de un festejo celestial. Cabellos finos igual que alfileres, venían con la ventolera dejando ciegos a todos. Llegué a la tierra riéndome con la tortura en la lengua, la desdicha puesta en la copa de la maldad. No vine de Querubines. Me habita el horror del necrópolis. Bebo la sangre del delirio de los temerosos, me acobijo con su angustia. Crece el calvario, le hago el desamor a la impaciencia que lo complace. Hago pirueta entre los infieles muertos.

•Como entro a la iglesia•

Me atrae el olor a incienso, las llamas de las velas haciendo bailes.

Esas sombras que forman figuras logran excitar mi imaginación.

La voz del que guía el culto me penetra hasta lo más profundo.

Soy pecadora por eso no me avergüenzo de contar que frente

al púlpito, gimo mis placeres…

Contoneo mis caderas en cada alabanza.

No sé si es el Espíritu Santo que entra o son los demonios que salen.

No voy ebria, pero me siento embriagada.

No voy fumada, pero me rodeo de humo.

No creo en Dios, pero veo la divinidad al sentir los orgasmos.

No juzgo quien le puso sexo al creador, pero porque privarlo de que fuera femenino.

No alabo su trono, ni sus milagros, pero esta obrando uno al hacerme sentir viva.

En esta contrariedad…, me clavo a la cruz siento que está tan oxidada como yo.