•In~coherente•

Estoy viendo mi propia incoherencia. Es un gran ejercicio mental, obsérvate desde afuera. Sentir lo que te corroe por dentro, y tener la oportunidad de estar en un círculo con vivencias diferentes, con rupturas, emociones, elocuencias distintas. La diversidad de los seres vivos en especial de los humanos es magnífica. Romperme con el decir de los demás es casi un deporte para mí. Experimentar el sentido de pertenencia sin huir, sin lacerar lo esencial es jodida~mente complicado. Sin embargo, no le quita la trascendencia que tiene a nivel más energético, emocional y por supuesto en el cuerpo. Verme con los ojos de otros, me enseña, escuchar como perciben mi sentir me expande. Comprendiendo lo que me falta, soy menos cruel con el otro. Sabiendo que los otros no ocultan sus incoherencias, que son más condescendientes con los comportamientos de los demás, por tener un recorrido con su propia esencia. Me invita abrir mis puertas, a tener que reinventar nuevas formas de comunicar, de sentir y explorar. El otro no es exacta~mente un igual, pero si nos muestra lo mucho que podemos despojar, sanar, evolucionar. Según esta vida es cambio, ciclos así mismo somos múlti~cambiante. Es grandioso poder sostener nuestras diferencias e ir hacia algo más coherente.

•Hacerte el amor•

Regalo divino es tener un cuerpo que habitar.

Ese masaje que te entrega bien~estar.

Esas manos que re~corren partes de tu piel.

Ese latido en el corazón que te deja sentir el brote de tu respiro.

Un toque sutil en las sienes para sentir el bombardeo que nutre tu cerebro.

Ese aroma maravilloso que percibes de tu jardín.

Ese café o infusión que te preparas, y hace que tu paladar se encienda.

Todo ese parpadeo que haces al despertar, al sentir la luz, y los colores de la vida.

En el día a día se puede encontrar la ofrenda de los detalles desde lo cotidiano.

El arte de hacerte el amor en lo ordinario, y llegar a lo extraordinario.

•Empatía… no te resta•

Vulnerables

…me quiero pintar la cara multicolores, y mi abundante cuerpo.

Por todos los que tienen en el fondo de su espíritu un daño.

Hay un maltrato colectivo que duerme en el silencio de la indiferencia

He venido escuchando el grito de sus “quejas”, pero he aguardado en el silencio para poder escuchar la tristeza.

Los maltratos que causan las curiosidades, los desprecios cuando les gritan adjetivos despectivos, y vulgaridades.

He tenido que abrir todos mis sentidos, sumergir mi cerebro en un mar de empatía, de amor.

Abrir los ojos no cuesta tanto, como abrir la apertura para conocer a fondo lo que dicen multitudes de personas.

Que se les juzga, se les saca del trabajo, como si su definición sexual fuera una enfermedad, y se les fuera contagiara a otros, o no pudieran desempeñarse como profesionales.

Lo que tengo claro es que lo que si se contagia es la maldad, y la indiferencia entre muchas otras cosas…

Ver sus lágrimas caer en una copa rota, tener que llevar capas de fuerza, para no mostrar lo vulnerable, lo frágil, y lo desolados que muchas veces su llanto hace estruendo en el cielo.

Decimos que aceptamos, pero hacemos vejaciones al mirarles, al preguntarle cómo tienen sexo, o si se han cambiado de sexo, si se van a operar algo, o que si las hormonas… puro morbo.

O preguntas más dolorosas que dicen cosas ridículas como si van a criar niños para… no voy a repetirlo…

Nadie sabe lo que pasan con el pánico de ir siendo ellos y recibir maltratos.

En algunos lugares aún no tienen ni forma de ser ellos, ¿por qué seguimos aprisionando a las personas?

Si bien no tienen que ser partícipes de lo que no les va, de lo que no entienden cuiden sus palabras.

Que son flechas con veneno, y hacen mucho mal.

Y son humanos… simplemente humanos.

•~Aileen~•