•~…empezar~•

•~…después de esta tercera operación de columna sentía que no podía volver a levantarme. Agradezco demasiado que mi cirujano me impulsara, ayudando a mi mente a salir de donde se había metido. Es increíble el poder que tiene… el cuerpo tiene memoria y saltaron todas las alarmas de lo vivido en la primera (operación) aunque no ha sido fácil, mis médicos y mis padres han hecho que todo empiece… y como todo comienzo empieza volviendo a caminar mis primeros 200 pasos aproximados son como alcanzar el éxito más esperado. Estoy súper contenta con la toma de consciencia que los experto de la salud me han despertado, y por todo el aprecio sinceridad con la que trabajan mi caso. Sin ellos, esto no sería posible mi gratitud infinita. Me queda mucho por avanzar, pero esta son mis primeras tomas de contacto poniéndome de pie.~•

•~…empujar~•

…la vida me puso obstáculos, diagnóstico de parapléjica…, me pusieron sonda para la vejiga, me dijeron; más de una vez no podrás pararte, no podrás hacer ejercicio. No podrás caminar, ni ir al baño… y aunque me ha pasado de todo de nuevo en este año y he tenido visitas recurrentes al hospital… y en más de una ocasión terminar peor de lo que empecé aquí sigo… empujando el cuerpo. Sacudiendo el sudor, encontrándome con las fuerzas de que los no puedes, me causan cosquillas en las caderas y me hacen replantear quién decide qué… así que aquí estamos de nuevo al empuje… y las recaídas aunque son “cabronas” seguirán ahí mientras este corazón palpite. O lo que sea que me impulsa… sigo arrancando los NO del camino.

~Ella, aterrizó…~

Ella,
en su cuerpo mórbido.
Con sus estrías como paisajes.
Ella,
herida de sí misma,
lamió los dedos que le apuntaron.
Ella,
triste e inconexa del mundo.
( . . . )
Se levantó valiente, y ardiente.
Alzó la mirada a los que
irrumpieron en su intimidad,
asechando con su cruel burla.
 ( . . . )
A ella,
que vive en mí…
Esa que se arrastró
por las zanjas del campo.
Llegó la hora de aterrizar.
Me reconcilio con mi ego,
 que ando agazapado y mal querido.
Y…,
con todos los tumultos
de mi cuerpo fraccionado.
Le hago una celebración 
a los huesos de los muertos 
a los cuales les debo vida.
Estas varillas
me prometieron
que no se doblan…
Si las tuerzo que sea
por el esfuerzo de dar
el máximo que puedo.
Ahora,
puedo gritar;
¡me acepto tal cual he sido, y seré!
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