•El idilio de re~vivir•

Reviví

Salí del hueco oscuro

que me acunó durante este tiempo.

Me atrapó…, sumergió mi espíritu

a las entrañas de la tierra.

Muerta…, caducada,

mordida por la incertidumbre.

Viajando con el pecho dormido,

a ritmo lento con el pulso perdido.

Escuchando susurros ajenos,

estruendos de los movimientos telúricos.

Enraizada adentro de la tierra

sin quererlo, inmovilizada.

Muda en un destiempo,

con la justificación de las sinrazones.

Según me tragó la muerte,

ahora la vida me escupe…

Como retoño divino.

El idilio de las estaciones…,

al natural siempre en su perfección.

Me libera del silencio,

el sol me baila y calienta mi útero.

Grita; ¡estás lista!

•…antes del invierno•

El olor a otoño me despierta,

abro los ojos allí está la luz del Amanecer;

con sus colores preciosos, rojo, amarillo.

Estelas azules nacen junto a la blancura de las nubes.

Respiro el Aroma de la cosecha de este tiempo, siento la brisa fresca, mi cuerpo sonríe…

Mis labios besan los árboles deshojandose, mis pies danzan al crujido de las hojas.

Cada vez más viva, me aferro a su tallo enroscado mis dedos y mis piernas a sus ramas.

Le palpo, le hablo inspiras mi Alma.

Gime, mi espíritu delante de tanta Sabiduría.

Se comunicas con mi interior, crece dentro de mí.

Soltando mis ataduras… Cada embestida me libra…

Me pierdo en su Salvia, en sus años; con el susurro de los que ya se fuero.

El Otoño se acaba y se impregnará del invierno al cual Sobre~viviré con el Cáliz de la Esencia…!

Centellear

Llegué para las caricias
parecían escasos los apretones de mano.
Aún así no nos perdimos.

Me encontré con tu ultima sonrisa.
Con el roce de tu voz tenue
dictando palabras amables.
Nos miramos sin parpadear
antes del último adiós.
Sin temor…,
sabías que te volvías al polvo.
Esta noche las estrellas danzan
con su titilar alrededor de la luna.
Solo puedo sentir tu presencia
e infinita gratitud.

Defunción

Nunca es la misma ola
la que rompe en la orilla.
(. . .)
En la cascada no habita
la misma agua.
Tampoco es la misma arena
… con el tiempo la roca
se desgasta.
(. . .)
Nuestro cuerpo
… y lo que nos compone
tampoco es lo mismo.
El reloj alimenta el fluir
de la existencia.
(. . .)
El silencio que habita
después de la muerte
estalla en el alma del que
no se permitió corromperse
con el errar de la vida.
(    )
C8E33FEB-7205-457F-A4C1-E9632998EB45

•su lágrima en mi pecho•

El cáncer te está comiendo por dentro, por fuera te veo secarte. Muriendo de apoco, tu mente sigue tan clara, como cuando compartíamos unas copas del buen vino que te gustaba. Me contabas lo que no podías expresar, te abrías como un pétalo en primavera, nuestras sonrisas cómplices de nuestros instantes. Hoy, al entrar al hospital me puse mi mejor disfraz la sonrisa caminé erguida hacia la sala de cuidados intensivos del hospital veterano. Imponente mi presencia al ir por ese inmenso pasillo frío con mi amigo el andador. Sabía que nuestro encuentro sería diferente, sin copas, sin escuchar tu voz baja sutil, que siempre fue fluida. Tenía claro el panorama, pero tenía que regresar a ti… a decirte de los amores grandes, a darte las gracias por todo lo que confiaste en mí. Te debía más que todas las palabras, sonrisas aunque solo veías mis ojos, porque tengo que usar la mascarilla. Al cruzar el portal de tu cuarto me guiñaste el ojo izquierdo, porque el amor palpita muy cerca del corazón. Por eso tu primera lágrima salió por ese lado, la recogí con cuidado preguntándote si querías que siguiera allí, con ese poco respiro entre tantos tubos, me dijisteis quédate. No pude evitar desbordar mi amor sobre ti, sin una lágrima, sin un quebranto de voz, pero te dije; esta primera lágrima me la llevo a mi corazón. Y sonreíste tan bello… te lo dije porque así es la espontaneidad. Tantos tubos me impide abrazarte, pero caricias no te faltaron. Te agradecí todo el esfuerzo que hiciste para hablarme, te escuché tranquila, paciente y fue increíble sellar nuestro pacto familiar, nuestros latidos. Me pediste que vinieran tus hermanos y mi madre. Las máquinas empezaron a sonar, mi padre me llamo bruja porque al tocarte todo aquello paro… y yo morí contigo. Al ver que te serenaste, que aún no era tu final. Hablamos de lo aterrado que estás de irte…, y dejar a tu pareja. También de la transición de este adiós, bendigo el momento de nuestras sinceridad. Vuelvo a estar en el proceso de ayudar en la serenidad de otro familiar o amigo que dice me voy…, tener la honestidad, la pureza, las palabras y el sobretodo el corazón muy abierto para abrir el espacio del sagrado silencio desde el respeto a la vida, en honor de un gran ser humano.

Nos quedan unos latidos más, y tatuarme otras lagrimas de gratitud en el centro del vórtice verde Anahata…, y tres guiñadas más. Te veo mañana tío Rickito.

•Agudo gemido•

Minúsculo a sí somos, no nos podemos balancear.

Creyendo que los gigantes nos proporcionarán poderío.

Somos elementales nos doblega la necesidad.

El pálpito de la demencia…, corroen lo inconexo.

Las mismas equivocaciones desmemoriado apostando por el auge del momento Sombrío.

Se derrumba, se mueren en las rupturas de una humanidad hambrienta de espiritualidad.

Saciados de soledad.

Cuanto malgasta la tiranía de los dolidos.

Quedaron vencidos el río de sangre corre entre las piernas de los presentes.

No tienen Refugio.

El disparo no suena a música, esta noche empieza una orquesta en secuencia de insomnio, espíritus, y pesadillas.

Para aquel que no se arrodilló antes de atropellar, herir, y matar a su pueblo.

Se escuchan los latidos de una humanidad podrida por las mentiras.

~Pre~sentir~

Rodaban los caballos de la feria, las apuestas estaban echadas, esta noche uno de los dos iba a ser “castigado”. Era un simulacro como todos los días que habían fiestas patronales, en el bar unas cuantas drogas el arrebato justo… y luego de vuelta a la casa. Cada uno escribía una cartas quien perdiera le tocaba entregar la carta al otro. Iban arrastrados entre risas y sustancias, discutiendo de quién había ganado. Gané decía él a viva voz. Ella, gritaba no gané yo, y lo sabes, no seas insensato. Vamos Yeye reconoce que gané, lo sabes bien que yo acerté con el número seis. Sabes que es de mala suerte, que hoy cuadra con lo que pasó hace trece años, la tragedia del pueblo, por favor déjame como la ganadora. Déjate de tonterías, trae la carta, déjala afuera, sabes que no pasará nada, ella le ruega y le dice: tengo la certeza que hoy moriré, ¡por favor, por favor! Si tú fueras el perdedor no te pasará nada. Él le vacila creo que no escribiste la carta, y por eso quieres ser la ganadora. Te juro que tengo la carta escrita lo que pasa es que tengo el presentimiento. Déjate de tus bobadas. Deja la carta sobre la mesa y ve a bañarte voy a buscar la caja. Ella vuelve a pedirle… ¡No lo hagas! Él abre la puerta que da al sótano, estando abajo le grita; Yeye no está la caja. Empieza a maldecir esta maldita mujer tramposa, porqué quiere cambiar las reglas del juego. Dónde la habrá metido, sigue buscando. Sube furioso, no encuentra la caja en la cual el perdedor se tenía que meter adentro por esa noche, mientras el otro hacia el simulacro del funeral, al mismo tiempo leyendo sus últimas palabras. Yeye desapareció, y la caja también. Él, enfurecido siguió bebiendo, maldiciendo e ingiriendo drogas. Quedó rendido en el piso de la cocina. Eran las siete de la mañana cuando despertó buscando a Yeye. Era muy tarde para ir con sus compañeros a pescar. Desde su casa se veía la orilla, como es verano no le sorprende tanta multitud. Lo que llamó su atención era los policías y el rescate. Bajando la pequeña calle que lo llevaba a la orilla sus amigos pesqueros le miran con asombro.

¡Yeyeeeeeee!

El cuerpo en la caja en forma de tumba… la escena ya de por sí era extraña. Dentro en la tapa decía: te lo dijo cabrón.

Lloraba no haberle dado importancia a los presentimientos de su Yeye, que nunca fallaba.

~Aileen~