~Pre~sentir~

Rodaban los caballos de la feria, las apuestas estaban echadas, esta noche uno de los dos iba a ser “castigado”. Era un simulacro como todos los días que habían fiestas patronales, en el bar unas cuantas drogas el arrebato justo… y luego de vuelta a la casa. Cada uno escribía una cartas quien perdiera le tocaba entregar la carta al otro. Iban arrastrados entre risas y sustancias, discutiendo de quién había ganado. Gané decía él a viva voz. Ella, gritaba no gané yo, y lo sabes, no seas insensato. Vamos Yeye reconoce que gané, lo sabes bien que yo acerté con el número seis. Sabes que es de mala suerte, que hoy cuadra con lo que pasó hace trece años, la tragedia del pueblo, por favor déjame como la ganadora. Déjate de tonterías, trae la carta, déjala afuera, sabes que no pasará nada, ella le ruega y le dice: tengo la certeza que hoy moriré, ¡por favor, por favor! Si tú fueras el perdedor no te pasará nada. Él le vacila creo que no escribiste la carta, y por eso quieres ser la ganadora. Te juro que tengo la carta escrita lo que pasa es que tengo el presentimiento. Déjate de tus bobadas. Deja la carta sobre la mesa y ve a bañarte voy a buscar la caja. Ella vuelve a pedirle… ¡No lo hagas! Él abre la puerta que da al sótano, estando abajo le grita; Yeye no está la caja. Empieza a maldecir esta maldita mujer tramposa, porqué quiere cambiar las reglas del juego. Dónde la habrá metido, sigue buscando. Sube furioso, no encuentra la caja en la cual el perdedor se tenía que meter adentro por esa noche, mientras el otro hacia el simulacro del funeral, al mismo tiempo leyendo sus últimas palabras. Yeye desapareció, y la caja también. Él, enfurecido siguió bebiendo, maldiciendo e ingiriendo drogas. Quedó rendido en el piso de la cocina. Eran las siete de la mañana cuando despertó buscando a Yeye. Era muy tarde para ir con sus compañeros a pescar. Desde su casa se veía la orilla, como es verano no le sorprende tanta multitud. Lo que llamó su atención era los policías y el rescate. Bajando la pequeña calle que lo llevaba a la orilla sus amigos pesqueros le miran con asombro.

¡Yeyeeeeeee!

El cuerpo en la caja en forma de tumba… la escena ya de por sí era extraña. Dentro en la tapa decía: te lo dijo cabrón.

Lloraba no haberle dado importancia a los presentimientos de su Yeye, que nunca fallaba.

~Aileen~

~Sin acongojar~

Nombró siete veces
los juramentos.
Librando la vulnerabilidad
que tambaleaba su existencia.
Tenía la opción
de cruzar el portal o quedarse.
Permaneció inmóvil
al percibir un mundo sensible.
Estuvo allí,
observando el cruce de las almas.
Inmune a los gritos desesperados.
Cerró los ojos
murmuró extraño lenguaje.
Se aquietó
el aullido de los vivos.
(. . .)
Y los espíritus
volvieron a yacer en la quietud.

~…venero~

Idolatro a la muerte…

No pasa por delante de mi un ser que tenga la tristeza presente, al que no pueda sentir su dolor, y desolación. Casi nunca hablo de esto, porque puede parecer una pretensión, y nada más lejos de eso…, pero lo traigo por la frecuentes preguntas me hacen…, es sobre mi empatía, y de como conecto con el sentir del otro. También me preguntan que si duele esta hipersensibilidad, la respuesta es…, sí, y demasiado. Aprendes a vivir con ella, porque hay situaciones que duelen más como; la indiferencia, la burla o el rechazo. Así que conectar con la muerte o con quién está en un eterno luto, no lo encuentro más doloroso (que no significa que no lo sea). Aprendí, que uno hace el máximo que puede por los demás, mientras estén en vida, incluso cuando no hay excelente comunicación. Darnos a otros reconforta el alma. A muchos niveles, da la serenidad suficiente para empatizar, como otros sienten la muerte. Es un tema delicado, igual que pasa con el tema de las creencias religiosas, son temas que causan heridas…, pero yo, idolatro la muerte medito sobre el tema y profundizo en el. Es cierto que duele el desapego terrenal, puedo sentir el dolor del que quedo vivo, incluso cuando es una vivencia ajena a mi círculo.

La típica frase de que “lo único certero es la muerte” …la siento en cada paso, y respiro que doy, en cada palabra que ofrendo… así sea en los momentos más histéricos y coléricos. Porqué nunca sabré cuándo pasará. Para mi las palabras significan mucho…, es obvio que intente dejarlas marcadas e instaladas en la médula de otro ser humano. Que me equivoco, pues claro, más veces de las que quisiera. Aunque me he arrepentido de algunas cosas, de otras no. Porque también recapacité que esa es la esencia de mi sentir, que conforman todo lo que soy…, a veces, suelo ser muy amable, y conectada con la esencia del otro…, y otras una colérica que no encuentra por dónde ir… así qué si me voy hoy o mañana de esta vida.

Todo lo que he querido decir está escrito, y dicho, porque según escribo que se me da mejor que hablar, así mismo divulgo mis cariños; mis rabias y todo lo que siento… por eso idolatro a la muerte, porque me mantiene concentrada en la energía, y en que me voy a morir, por lo tanto busco hurgar en lo esencial, y puede ser equívoco, pero es lo que para mí tiene sentido compartir.

Aunque muchas veces me he querido morir, debido a los dolores físicos, y a las depresiones. Estoy aprendiendo de los que ya no les queda tiempo, pero quieren estar…, entonces intento no aferrarme a la idea de que quiero morir, para aprovechar el tiempo, antes que se me caduque mi fecha.

Eso sí, espero que la parca, bese rápido, no me deje entre suspiros, ni divagando entre la vida y la muerte.

La idolatro porqué se que es de lo único que no podré huir.