•Dama Gris•

He perdido la cuenta, de cuántos días llevo en éste encierro… Quizás, sólo son horas… Durante mi devoción por llevar éstos hábitos, siempre he recibido duros castigos… Estar a oscuras con un mísero vaso de agua y un pedazo de pan duro, es una ofrenda de gratitud, para ésta sombría vida que existe detrás de los contundentes muros de la Fe… Sin embargo, ésta vez, mi calabozo, me está consumiendo en las llamas del pecado. Me pesa llevar la cruz que cuelga de mi alma… Mi sangre está acelerada… El pecado no vibra sólo en el sexo… El sacrilegio, está hecho en mi espíritu… ¡Te deseo en nombre del amor!
El calvario no es estar en ésta celda y saber, que traicioné mi juramento ante Dios El infierno, arde en mis partes más íntimas, más allá de mi orificio de placer… ¡Me consumo!
Todo en mí, es lujuria y pasión… Voy, arañando éstas paredes, como si del polvo que rasgo del muro, pudiera yo, sacarte…
Noble Caballero, que honró mi sagrado cuerpo de placer… No sólo físico, también nos hemos acoplado espiritualmente… En esas pláticas, que nos elevaban… Entre aquella música clásica, que nos hacía bebernos, sorbo a sorbo, en una danza álmica…
¡Oh, Mi Adorado Caballero!
Hoy, tallo mis lágrimas en éste suelo mugriento… Y desnudo mi cuerpo, frente a la presencia del amor que nos unió… Me quitaste los hábitos; he roto mis votos de castidad…
Que se entere, ésta habitación clausurada y estrecha, de lo mucho que te viví…
¡No me arrepiento!
Mi oxígeno… Mis lágrimas… Y mis delirios… Se acaban
Me entrego a ésta dolorosa muerte, sintiendo tu respiración sobre mi agitado cuerpo…
“Tus besos no me despertarán como en el cuento, pero quizás me hagan soñar…”
Tal vez, alguien encuentre mi rostro con la satisfacción de haberte besado y soñado… En nuestra libertad… Más allá de la vida, más allá de la muerte…
¡Te respiré, viviéndote!
Como lo más hermoso que me pudo haber sucedido…
Clavo mi hábito en el muro que me consume… Beso el polvo, en el que he de convertirme…
~Aileen~

1 /octubre /2015

•Sin prisa•

¿A dónde vas con tanta prisa?

(. . .)

No hay ruido que distorsione la armonía del espíritu.

No hay quebranto en el cuerpo que te acurruque en el infierno.

No hay maldad que te atraviese y derrame tu esencia.

No hay monstruo con caras de humanos que te generen pánico.

Vas a saltar en quietud entre el mundo que conoces, y el que desconoces.

Vas a sentir espirales en tu umbral, aromas en tus cumbres, verás colores impregnados en el ambiente.

Todo eso es tuyo…, el sendero.

Ahora entrégate, hazlo en grande con todos tus matices.