•Brasa•

¿A qué le temes?
(…)
Si el poder habita en el instinto salvaje.
¿A qué le huyes?
(…)
Si de ti no puedes escapar.
¿A qué le rezas?
(…)
Si tú eres la divinidad en expansión.
¿A quién le amas?
(…)
Si tú eres el fruto exótico que debes degustar cada día.
¿A dónde vas con tanta prisa?
(…)
Si en ti…, está el uni~verso,

abrasado toda tu humanidad.

•Me voy a Morir•

Todo lo que está frente a nuestra mirada morirá, incluyéndonos. El terror a la muerte parece que viene intrínseco. Me gusta decir “me voy a morir”, “te vas a morir”. No desde el miedo, sino desde la libertad que veo al dejar de poseernos. Esta experiencia humana es bestial, nos llena de emociones, sensaciones y quizás no estamos tan consciente de lo efímero que es el instante de estar vivo. Ese pequeño estar… Observar a la naturaleza, y sus cambios. Agradecer el simple estado de poder seguir aquí en la vida. Quizás dentro de un rato ni tú, ni yo estemos más…

(. . .)

y quizás tú termines este pensamiento…

•Des~ocupa•

Desocupar para satisfacer el ser.

Llegar al vacío transitando todo lo que te habitó.

Sentir la rabia, la envidia, el apego son emociones humanas.

Igual que sentir la vida, compasión, y la amabilidad.

Todas contradictorias como la vida misma…

El miedo nos lleva a crear murallas en el interior, nombradas como dominio.

Soltar es soltarse…, podar el camino es sincerarse.

Mirar hacia adentro es encontrarse con el abismo, en donde se lanzan las preguntas.

El eco que se queda resonando en la cueva, suele arrojar más preguntas que respuestas.

Es allí donde reside la sabiduría del espíritu, saberse aferrado, consciente y despierto.

Los sollozos de las almas también nos habitan.

En esa inter~conexión que invita una y otra vez a la meditación.

Desconecta y conecta…, expandir los sentidos.

Agudizando el silencio, acompañado de todo lo que vienes cargando.

El tiempo de quietud llega, las alegrías tuyas se vuelven colectivas.

Transitas las estaciones en tu cuerpo…

Todo lo que es…, fue alguna vez.

Dejas ir la necesidad, con ello desaparecen ciertas emociones.

Florece como jardín en primavera…, respiras de tu esencia.

•~…no siempre~•

No siempre te pueden decir frases que sustenten todo.

A veces te romperás, no importa cuanto optimismo tengas en el interior.

Hay que dejar de hacer una oda de que todo se consigue.

No se trata tampoco de que no lo intentes.

Los milagros no son como nos hacen creer, no son para todos.

En ocasiones no llegarán, no pasará todo con un propósito divino.

Asumirlo, asimilarlo, sentirlo…, vivirlo, experimentarlo es fraccionarse.

No de todo se sale, tampoco a todo se entra.

Puedes anhelar ser una estrella, y solo te quedarás con el brillo de una noche en la que te disfrazas.

No todos los escenarios están disponibles, ni se abren las puertas cuando vas hacia ellas.

Serán muchas las veces que te escupirán, y unas cuantas otras las que te caerá lo mismo que tiraste hacia otros.

No todo el mundo baila con lo pies, ni caminan con ellos…, aún así aquí estamos.

En la vida…, sobre la tierra, girando junto con ella aunque a veces nos sacude sino te saca con su movimiento, si no te fuiste con el tsunami, con el huracán, con sus cambios.

Tendrás que seguir experimentando con sus movimientos inesperados con los que podrás y muchas tantas veces no.

Y no pasa nada…, en el transcurso duele mucho, lloras te sacudes, y si aún no has muerto vuelves a empezar.

Defunción

Nunca es la misma ola
la que rompe en la orilla.
(. . .)
En la cascada no habita
la misma agua.
Tampoco es la misma arena
… con el tiempo la roca
se desgasta.
(. . .)
Nuestro cuerpo
… y lo que nos compone
tampoco es lo mismo.
El reloj alimenta el fluir
de la existencia.
(. . .)
El silencio que habita
después de la muerte
estalla en el alma del que
no se permitió corromperse
con el errar de la vida.
(    )
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•su lágrima en mi pecho•

El cáncer te está comiendo por dentro, por fuera te veo secarte. Muriendo de apoco, tu mente sigue tan clara, como cuando compartíamos unas copas del buen vino que te gustaba. Me contabas lo que no podías expresar, te abrías como un pétalo en primavera, nuestras sonrisas cómplices de nuestros instantes. Hoy, al entrar al hospital me puse mi mejor disfraz la sonrisa caminé erguida hacia la sala de cuidados intensivos del hospital veterano. Imponente mi presencia al ir por ese inmenso pasillo frío con mi amigo el andador. Sabía que nuestro encuentro sería diferente, sin copas, sin escuchar tu voz baja sutil, que siempre fue fluida. Tenía claro el panorama, pero tenía que regresar a ti… a decirte de los amores grandes, a darte las gracias por todo lo que confiaste en mí. Te debía más que todas las palabras, sonrisas aunque solo veías mis ojos, porque tengo que usar la mascarilla. Al cruzar el portal de tu cuarto me guiñaste el ojo izquierdo, porque el amor palpita muy cerca del corazón. Por eso tu primera lágrima salió por ese lado, la recogí con cuidado preguntándote si querías que siguiera allí, con ese poco respiro entre tantos tubos, me dijisteis quédate. No pude evitar desbordar mi amor sobre ti, sin una lágrima, sin un quebranto de voz, pero te dije; esta primera lágrima me la llevo a mi corazón. Y sonreíste tan bello… te lo dije porque así es la espontaneidad. Tantos tubos me impide abrazarte, pero caricias no te faltaron. Te agradecí todo el esfuerzo que hiciste para hablarme, te escuché tranquila, paciente y fue increíble sellar nuestro pacto familiar, nuestros latidos. Me pediste que vinieran tus hermanos y mi madre. Las máquinas empezaron a sonar, mi padre me llamo bruja porque al tocarte todo aquello paro… y yo morí contigo. Al ver que te serenaste, que aún no era tu final. Hablamos de lo aterrado que estás de irte…, y dejar a tu pareja. También de la transición de este adiós, bendigo el momento de nuestras sinceridad. Vuelvo a estar en el proceso de ayudar en la serenidad de otro familiar o amigo que dice me voy…, tener la honestidad, la pureza, las palabras y el sobretodo el corazón muy abierto para abrir el espacio del sagrado silencio desde el respeto a la vida, en honor de un gran ser humano.

Nos quedan unos latidos más, y tatuarme otras lagrimas de gratitud en el centro del vórtice verde Anahata…, y tres guiñadas más. Te veo mañana tío Rickito.