Defunción

Nunca es la misma ola
la que rompe en la orilla.
(. . .)
En la cascada no habita
la misma agua.
Tampoco es la misma arena
… con el tiempo la roca
se desgasta.
(. . .)
Nuestro cuerpo
… y lo que nos compone
tampoco es lo mismo.
El reloj alimenta el fluir
de la existencia.
(. . .)
El silencio que habita
después de la muerte
estalla en el alma del que
no se permitió corromperse
con el errar de la vida.
(    )
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•su lágrima en mi pecho•

El cáncer te está comiendo por dentro, por fuera te veo secarte. Muriendo de apoco, tu mente sigue tan clara, como cuando compartíamos unas copas del buen vino que te gustaba. Me contabas lo que no podías expresar, te abrías como un pétalo en primavera, nuestras sonrisas cómplices de nuestros instantes. Hoy, al entrar al hospital me puse mi mejor disfraz la sonrisa caminé erguida hacia la sala de cuidados intensivos del hospital veterano. Imponente mi presencia al ir por ese inmenso pasillo frío con mi amigo el andador. Sabía que nuestro encuentro sería diferente, sin copas, sin escuchar tu voz baja sutil, que siempre fue fluida. Tenía claro el panorama, pero tenía que regresar a ti… a decirte de los amores grandes, a darte las gracias por todo lo que confiaste en mí. Te debía más que todas las palabras, sonrisas aunque solo veías mis ojos, porque tengo que usar la mascarilla. Al cruzar el portal de tu cuarto me guiñaste el ojo izquierdo, porque el amor palpita muy cerca del corazón. Por eso tu primera lágrima salió por ese lado, la recogí con cuidado preguntándote si querías que siguiera allí, con ese poco respiro entre tantos tubos, me dijisteis quédate. No pude evitar desbordar mi amor sobre ti, sin una lágrima, sin un quebranto de voz, pero te dije; esta primera lágrima me la llevo a mi corazón. Y sonreíste tan bello… te lo dije porque así es la espontaneidad. Tantos tubos me impide abrazarte, pero caricias no te faltaron. Te agradecí todo el esfuerzo que hiciste para hablarme, te escuché tranquila, paciente y fue increíble sellar nuestro pacto familiar, nuestros latidos. Me pediste que vinieran tus hermanos y mi madre. Las máquinas empezaron a sonar, mi padre me llamo bruja porque al tocarte todo aquello paro… y yo morí contigo. Al ver que te serenaste, que aún no era tu final. Hablamos de lo aterrado que estás de irte…, y dejar a tu pareja. También de la transición de este adiós, bendigo el momento de nuestras sinceridad. Vuelvo a estar en el proceso de ayudar en la serenidad de otro familiar o amigo que dice me voy…, tener la honestidad, la pureza, las palabras y el sobretodo el corazón muy abierto para abrir el espacio del sagrado silencio desde el respeto a la vida, en honor de un gran ser humano.

Nos quedan unos latidos más, y tatuarme otras lagrimas de gratitud en el centro del vórtice verde Anahata…, y tres guiñadas más. Te veo mañana tío Rickito.